Gadget.
Pregnancia de la imagen. Copulación de objetos inútiles.
Quería comenzar este dejo de “ensayo” con esas ideas que a priori pueden parecer inconexas o surrealistas, pero con una mirada más implicada podríamos decir que son reales y con una, tal vez porqué no, siniestra vigencia.
Quisiera, como si fuera el libro de Rayuela de Cortázar, realizar un ilusorio continium de mi ensayo anterior, pero retomando mis ideas desde un hilo ex profeso, tal vez no dicho en aquella oportunidad, pero seguramente pensado; retomar aquél flujo de ideas desde ese trabajo pero tal vez desde una ideación paralela (siguiendo la interesante pero tal vez irreal teoría de los universos paralelos). O bien, para ser un poco más específica y no perderme en la tentación poética, retomar aquellos pensamientos desde el mismo punto o consigna del anterior trabajo, pero desde otra mirada, tal vez más oriental. Hacer un poco de burla al Mito del Occidente. Se me ocurrió, que una manera respetuosa y tal vez audaz o demasiado osada para lo que se solicita, escribir dicho ensayo tratando de desapegarme de la manera neurótica que la Occidentalización tiene de mirar y relatar los sucesos. Vale decir, retomar mi anterior trabajo, sin contar lo mismo tal vez, pero diciendo lo mismo. Solamente que de otra forma.
Gadget, Gadget y más Gadget.
Hay muchas formas de contar historia o de recrearnos una realidad. Historia, películas, teatro, cuentos, todo nos recrea algo, al menos algo, del folclore de cada época.
En mi época, me dejaba habitar cuando era niña por los dibujitos animados, no existía ni Internet ni Facebook ni los jueguitos del celular. Me dejaba habitar por todos ellos. Desde la pantera rosa (la cuál creo humildemente que la bastardearon ahora en hacerla más fucsia y hacerla hablar), los Pitufos (donde ahí se entendía el bien y el mal de forma distinta a Nietzche)y Gadget.
Gadget. Un inspector. Un buscador.
Y un improvisador. Torpe pero sagaz. Con voluntad. Siempre con voluntad. Y siempre se apoyaba en otro, en su sobrina. No era soberbio ni pedante. Entendía sus límites. Y se dejaba socorrer por esa serie de utensillos que salían de repente de su sombrero. Hasta podía volar¡¡
Y eso son los Gadgets. Utensillos, dispositivos de una época. No sólo instrumentos concretos como ahora la PC, el celular, el facebook ( y su rara forma de hacer semblante).Son todo aquello que nos rodea y adorna. Múltiples y polulantes gadgets. Chimentos, debates. Los programas satélites del programa de Tinello, las peleas, la farándula, las marcas, los boliches, las botineras, la pelea de los medios y en los medios, las noticias, la forma de darse las noticias, los chismes, los rumores, la ropa, las redes sociales. Multiplicidad asintótica de dispositivos que hablan de una época, de una forma. Lo entiendo como figuras que representan y grafican y explican un espíritu de época.
Múltiples gadgets como la infinitud del sombrero del inspector. Y son sorpresivos, salen de repente, nos explotan en la cara sin darnos cuenta, como los del sombrero del inspector. Tan comunes, tan nuestros y a la vez tan ajenos, que ni nos damos cuenta de su existencia. Nos acompañan en nuestra soledad de existir. Son tantos que no podré abocarme a alguno en particular ahora. Me siento un síntoma de los gadgets, presento un poco su fragmentación. Por eso, y también para burlar la linealidad occidental, expondré fragmentos de mi producir. Producir (intento) de pensamiento.
Quiero comentar brevemente algo, que tiene que ver con esto de ver las cosas de otra forma. Y aquí aparece otra figura, un gadget de la Occidentalización: la Globalización y los medios de comunicación. Creo que este ejemplo resumiría casi acabadamente ( y a causa de ese simpático “casi” devendrá luego una, tal vez larga, exposición) lo que pienso sobre lo que hemos trabajado en clase y lo que he entendido:
Hace algunos años estaba mirando la televisión y me encontré con un periodista que, orgulloso de su título y creyente de su capacidad de entrevistar e investigar, hacía preguntas a un miembro de una comunidad, si mal no recuerdo era Mapuche, en nuestro País.
Y aquí, se concreta todo. En una breve escena, en un breve recorte de el espectáculo que nos ofrecen y del cuál somos parte ( espectadores pero también expectadores. Expectantes. Consumo. Histeria general, insatisfacción eterna, siempre queremos que nos venda más, más escándalo, más violencia, más sangre, más cuerpos, más noticias, más todo) En esta anécdota se concreta todo, se materializa todo aquello que siempre estudiamos y hasta algunos dicen o creen que los libros exageran, que no debe ser tan así, cayendo a veces en relativismos traicioneros. Aquí está todo. La idea de valor. La idea de objeto. La idea de Propiedad Privada. La verdad del proceso artificial de la naturalización de las cosas. El pensar que son así porque sí y porque así son y no hay otra forma de verlas (cuando en realidad sí las hay) sin ver que tal vez nos las venden así, o parecen ser así por una historia que las preexiste y las sostiene con sus vigentes ecos, tal vez una historia reinventada, pero la más fuerte, las más pesada:
Mito de Occidente.
Les voy a mostrar como nuestro simpático periodista, bien aferrado su contexto: Acumulación de saberes de libros, influenciado probablemente por sus conocido o por la tendencia del medio donde trabaja, tal vez afanado por la idea de “progresar”, vale decir, tener fama, tal vez poder o simplemente dinero. Para poder comprar más cosas. Inertes, innecesarias, fútiles, aterrorizadoramente imprescindibles y renovables por modelos más nuevos (entre los cuáles cada vez más se acortan los períodos de recambio). Nació probablemente aquí, empapado del sistema capitalista y de una Occidentalización que se impone como única y como dada desde siempre. La única realidad y la Verdadera, todo lo demás es Mito, puro cuento, nada demostrable, toda mentira, toda ilusión, pura arrogancia, ficciones. Occidente es la verdad.
Uno es dueño de las cosas. Uno compra, uno vale, uno tiene , uno posee.
El entrevistado, le viene, con la paciencia y templanza que lo caracteriza, esa profunda sabiduría, a mostrar que nadie tiene nada, nadie posee nada, en todo caso estamos poseídos¡¡
Enloquecidos en este sistema que cada vez deja a más gente afuera.
El entrevistador le pregunta porqué no luchan por sus tierras, que eran de ellos, porqué “ no eran más activos” porqué se dejaban desalojar y demás cuestiones. Y el entrevistado ( en un punto acosado) le realiza una perfecta inversión dialéctica: le inquiere que él no tiene nada que defender porque no es dueño de nada, que hay cosas que no se compran. Que la tierra no es suya ni del periodista ni de nadie. La tierra es de la Naturaleza quién nos las presta para que habitemos en ella, la tierra la compartimos, es de todos¡¡
Fue increíble ver la cara pasmada e impávida del periodista frente a tal formidable y simple exposición. Formidable.
Volvamos a Gadget.
Así como no es lo mismo volver que regresar, ni mirar que echar una mirada, trataré de abordar la misma temática del Mito del Occidente pero, sin perder nunca jamás la mirada crítica, relanzar la apuesta de alguna de las figuras que tiene esta forma de pensar las cosas , y una de aquellas figuras concretas y a la vez simbólicas es la idea del gadget ( cuando digo forma me refiero al Occidente, así como Freud prescindía de normas anatómicas yo prescindo por completo y me desapego de normas territoriales y geográficas. Y el mismo Freud ya en sus inicios muy aún pregnados de Occidentalismo y otra de sus variantes, que es el positivismo, ya aún en esos inicios no encontraba una localidad anatómica. Simplemente no la hallaba. Pero el inconsciente se le venía encima, se le aparecía en cada momento, en cada paciente, en cada momento de su vida, y así todo, no lo encontraba. A pesar de la influencia y el peso que tenía ser un brillante y destacado neurólogo ( y aquí aparece otra figura del Occidentalismo, el valor que tiene lo académico, el pertenecer a un cuerpo académico, el valor de un título; el ser por lo que se tiene o por el título que a veces sólo sirve para decorar una pared), ser un brillante y joven y prometedor médico dentro de una, ( y aquí llega otra figura del Occidente) clase burguesa en la romántica Europa de ese entonces, a pesar de todo eso su inconsciente amenazaba con desaparecer, al menos de la credibilidad científica, por su no aparecer. Simplemente no lo podía ubicar, pero estaba por todos lados¡.
Bien, a uno de los puntos (centrípetos, ya que creo y tal vez adelanto que este ensayo no será lineal, o no seguirá la linealidad que el Occidente siempre pretende, vende e impone)
Ya Freud, llegando al final de sus días y a los inicios tal vez de su eternidad, su vivir por siempre en la aparente letra muerta escrita (pero que resucita y puja sumamente llena de vida en cada aprendiz, en cada investigador, en todo aquél que, burlando el la imposición y amalgamiento del Occidente, se atreve a pensar, o como dicen los psicoanalistas: invitarse a una pregunta); ya en el ocaso de su vida, Freud vislumbraba algo del otro, que aquel simpático y escurridizo inconsciente siempre estuvo afuera. No quiero extenderme por líneas que no se han pedido, pero bien se podría para continuar esta incipiente luz que atisbaba Freud, continuar con su fiel farolero muchos años después. Su fiel en todo sentido, ya que fue fiel a su letra pero también fue fiel a sí mismo al reinterpretarla y darle otra luz. Tomar el mismo recorte pero iluminarlo desde otro lado: Otro- otro- otredad- la idea del Toro- Esto del adentro y afuera puesto en cuestión, en dialéctica. Pero este no es el punto al que quería arribar.
Lo que estoy tratando de señalar, es que más allá del inconsciente y su definición, no es eso lo que pretendo desarrollar; es esta idea de cómo se flexibiliza y tuerce la idea del dentro y del fuera, del yo- no yo. Diferenciaciones arbitrarias. O impuestas. O compradas. Vendidas. Ofrecidas, seducidas y con todos sus idas¡ Pero algo de todas ellas es seguro: son todas compartidas. Y aquél que pretenda ser excepcional, ser diferente y no compartir nada de lo que se vende o circula, de las figurillas que polulan en el ciberespacio, queda simplemente fuera. Y este fuera no es dialéctico como el dentro- fuera que antes mencionaba cuando refería a los procesos de identificación y de estructuración psíquica. Acá estás FUERA¡¡¡
Entonces. Estábamos en una danza. La danza del Occidente. El caballero y honorable Sr. Título pide permiso al Sr. e Intachable Dr. Positivismo permiso para sacar a bailar a la bella y educada Ciencia. Su chaperona, la Sra (muy mayor) Historia la acompaña y la mira desde cerca. Le marca el ritmo. Qué linda Tertulia piensa el Sr. Título¡. Vino acompañado de sus compañeros: el Sr. Mercante quién vino con prima la Srta. Revolución industrial (tatarabuela de la Srta. Revolución tecnológica) y su hermana la Srta. División de clases. Todos bailan. Como en la belle epóque. Circula champagne, sonrisas, también chimentos y doble moral. Victoriana es una palabra muy representativa de esta opereta.
Pero, afuera hace mucho frío. Y quedan mirando impávidos, indignados y resignados las otras figurillas que no pudieron entrar a la casa de los anfitriones los Sres. Producción y Capitalismo:
Todos quedan FUERA¡ y aparecen todos, los que eran de otros tiempos pero aún resuenan sus tristezas por haberse desvanecido, como los actuales. Los cuentos, los relatos de pueblos nativos que no entendían la realidad como única y sólida y se atrevían de acompañarla con magia y fantasía, para fortalecer su supervivencia y la fascinación de sus pequeños aprendices. Los viejos libros, los consejos de la abuela, el folclore popular, las charlas de compañeros, las cartas, las estafetas postales, las batallas, los intereses reales que subyacen a todo lo que acontece. Los trabajadores, la lucha, la vida, la fuerza de la lucha. Los débiles, la mayoría. El arte. El vanguardismo. El acompañar de los antepasados. Los derechos. Todo afuera, bien cerquita del lugar donde se acumulan los desechos.
Síntoma de la producción, de la obsesión de la producción. Exceso. Excedente. Puro exceso. Sin límite. Una locura, puro goce. Y luego, no sabemos qué hacer con eso que sobra. Ahh… si, algunos saben. Aparece también la figura (occidental) de la solidaridad. Siempre lineal. Siempre recto (en ambos sentidos de la palabra recto de rectitud y de linealidad. Recto geométrico y recto Kantiano) Siguiendo la línea, damos lo que…Sobra¡¡ Más de lo mismo. Se da siempre lo que está en la misma línea: objetos, objetos. Invasión de objetos. Todo lo que sobre, lo que ya no sirve, lo que ya no gusta, lo que ya perdió vigencia, lo que ya es obsoleto. Pero como dicen los psicoanalistas: Nunca se da de lo que se está falto, lo que nos falta. Nunca se da algo de otra línea. Nunca se dobla la línea. Nunca se da una experiencia, nunca se comparte un sentimiento, una vivencia.
Gracioso y tenebroso hubiera sido si en las tribus se hubieran contados los mitos por e-mail¡¡ O si perdieran el encanto y la magia de sus ritos y mitos y en vez de intercambiarse collares y celebraciones, se intercambiaran celulares porque ya no son los de moda¡¡¡¡
Estábamos en los desechos. Síntoma del consumo. Exceso de todo, de producción y de goce. Y esto no es plusvalía, no es un valor agregado. Es pura locura, un excedente innecesario que asfixia, se acumula por doquier. Y aquí aparece otra figura, otro gadget del occidente: La cosificación del ser y su evanescencia. Uno es lo que tiene, lo que vende, lo que compra, uno es en masa, uno es una fragmentación de fotos que explotan en redes ¿sociales?...
Y uno es cosa. Y si somos cosa, podemos ser exceso. Y no exceso de pensar, de creación. Desecho, si se quiere hasta el famoso objetillo a del que tanto hablan los psicoanalistas..
El cuerpo como valor de mercancía, valor de uso. El cuerpo como cosa. En todas sus figuras. Trata de personas. Mercado de órganos. Cirugías estéticas. “ Traé el cuerpo que tenés, lleváte el que querés”¡¡. Partes de cuerpo. Guernica. ART. Un dedo no vale lo mismo si tenés 60 que si tenés 20 años porque a los 60 sólo te quedan 5 años de vida laboral, o sea, según estas grandes corporaciones, vida útil¡¡ Un dedo que ya no puede martillar, no vale. Que reclame su monto con un abogado. Y si ese dedo quiere acariciar la cabeza de su nieto? Si quiere apuntar a una estrella y pedir un deseo? Cuerpo como cosa, capacidad de producir, no de sentir. Si es cosa, puede ser desecho. Siempre fue así. Poquito de historia.
Ubicándonos dentro del escenario moderno, con su gran despliegue de avances tecnológicos y el crecimiento de la actividad industrial y mercantil, nos encontramos dentro de todo este auge de desarrollo y crecimiento urbano y explosión demográfica, con una realidad de densidad poblacional, hacinamiento, explotación laboral, tanto adulta como infantil, enfermedades epidemiológicas; una realidad donde se muestra la hiancia que se produce entre el crecimiento industrial y de las urbes y el empobrecimiento social y también de las subjetividades en juego.
El acelerado avance de la urbe sobre la esfera rural, no da tiempo ni lugar para dar espacio a los trabajadores, tanto real como simbólico. Se generan asentamientos en los conurbanos, donde viven hacinados y en pésimas condiciones de vida, donde apenas pueden descansar esos cuerpos que ahora tienen valor de uso, de mercancía. Sirven y valen en la medida en que éstos puedan producir objetos de consumo y no en su vertiente de poder crear o generar deseo o actuar en consecuencia de éste.
Todos los sujetos valen en tanto vale su fuerza de trabajo, su capacidad de producción y su capacidad de consumir con sus paupérrimos salarios aquello que ellos mismos producen, y no valen en tanto su capacidad de producir conocimiento, deseo o algún cambio. No hay lugar para subjetividades, el hombre se ha mecanizado y homogeneizado, siendo la única opción posible, frente a esta identidad en masa inevitable, rescatar lo común que hay en todos;( ya que no hay lugar ni tiempo para expresar las diferencias o lo singular de cada uno),y frente a este rescatar lo común a todos, la única opción es concientizar esto, y llamar a la revolución, que opaque el grito del proletariado los ruidos de la excitada urbe industrial y los ruidos del metal que se acumulan en los bolsillos de unos pocos, representantes del sistema Capitalista.
¿ Y qué hacer con el exceso de la producción? ¿Qué hacer con los desechos? Problemática que aún hace ecos actualmente, no sabemos donde ubicar aquello que tiene valor de resto, actualmente tiene valor de desecho, y lamentablemente, se ubican en el mismo lugar escatológico a aquellos que quedan excluídos del sistema.
Marx tratará de rescatar al ser en lo concreto, puede aparecer ese yo opacado por el humo de las fábricas, en el grito liberador de la lucha, unidos e identificados en el acto. Pero este yo sólo puede actuar en la medida que se una frente a otros, en comunidad, defendiendo su lugar en tanto clase y no en tanto in-dividuo.
Aquí también podemos ubicar el pensamiento freudiano, ya que el viene a pensar el yo como una conformación de identificaciones con el otro. Es el otro, la mirada y la palabra del otro el que constituye el yo, vía identificación, siendo ésta la primera ligazón que un ser tiene con un otro.
Aquí también podemos percibir otro pensamiento revolucionario, frente a todo un avance no sólo industrial, sino también científico, estamos en pleno auge del desarrollo del Positivismo; aquí, en pleno círculo de Viena, compuesto por grandes pensadores y científicos positivistas, exactos, cerrados y hambrientos de la verificación y comprobación, nos encontramos con un hombre que desafiando la doble moral de la burguesía moderna, nos viene a hablar de un yo que es puro semblante.
Nos viene a decir que el yo tiene pretensión de ser y de creerse ser, cerrado, un yo al estilo “positivista” completo, indivisible, constante, seguro de sí, cuando en realidad éste se encuentra escindido, tiene una estructura endeble, está compuesto por identificaciones con otros, hablado por otros y tratando de mediar y negociar con sus deseos e instintos que pujan constantemente con la misma fuerza con la que se impone las exigencias del deber ser.
Nietzsche también quiere rescatar lo subjetivo, sólo que el viene a defender lo que en Freud se conceptualiza como el “Ello”. Aquello que de imperativo y exigente tiene la estructura superyoica en el deber ser, es la misma exigencia que encuentra Nietzche y que plantea en el rescatar la dimensión del deseo, toda la dimensión del Ello Freudiano.
Este superhombre que trasciende las legalidades convencionales, quien no se deja amedrentar por las normas ni por las exigencias del sistema, aquél que lucha por sus deseos e inquietudes.
Ahora, hay que tener siempre cuidado, porque sino podemos pecar de aquello que estamos criticando. Criticamos mucho esto de lo de Occidente, y siempre estamos occidentalizando. Menciono esto, porque se podría pensar con la linealidad y simpleza occidental este concepto de Nietzche, corriendo el riesgo de olvidar otra vertiente de la historia. Esto de trascender legalidades puede leerse en el sentido, porqué no marxiano, de la lucha de clases, la lucha por los derechos y todas esas cosas importantes que no debemos olvidar en estos tiempos post- modernos. Pero también se puede leer desde otra vertiente histórica. La del horror, la de la loca e infame y espantosa legitimación del espanto, del crímen, de los genocidios. El superhombre que se impone y se legitima con toda su fuerza y arrasa con todo, con la vida.
El bien no es entendido como en lo cotidiano. El bien como valor. Y en su nombre se cometen errores. Y horrores.
No es lo mismo la identificación a la masa típica Freudiana donde todos se identifican en la adoración de un otro cantante, y siendo todos Fans de una banda de música, que por ejemplo transmite la figura del amor y la libertad como los Beatles, que una masa identificada y legitimando las locuras y atrocidades de un loco al que se le da poder, como fue por ejemplo la triste historia de la Guerra Mundial. No es lo mismo la fan quinceañera que el fanático. Por eso, hay que ser cauteloso a la hora de interpretar a un autor, ya que hay muchas formas posibles. Algunas agradables y otras no. Algunas afines a nosotras y otras no. Pero todas habitando. Por eso, no se puede no mirar atrás, si queremos que no vuelvan a pasar estas vivencias dolorosísimas es imposible no mirar atrás.
La división de clases, concepto teórico. Pero tiene sus vertientes, la de todos los días. Se habla de clases medias, altas bajas, etc. Hay figuras que las pueden graficar.
Corralito. Gobierno y el campo. La urbe y el campo. Hablo de todos los campos y todas las urbes. Actuales y las de la revolución industrial. Marx sigue vigente. Todo sigue vigente. Porque todo vuelve, con otras formas, otras caretas, pero siempre es lo mismo. La Historia circular. El eterno retorno de lo igual Nietzchano. La compulsión a la repetición Freudiano. Eso que puja y nos encontramos repitiendo historia. Y en ese repetir derribar las paralelas, las disonantes.
La división sigue, tal vez con otras formas. Hoy tal vez Marx está en algún debate de café, pero sigue la lucha. Sigue la unión. Sigue la fuerza. Sigue la identificación y el seguir adelante. Tal vez ya no hay revoluciones como las que nos cuentan, pero debe haberlas.
Hoy se organizan rateadas a través de facebook. No es lo mismo.
Pero sigue el grupo. Sigue el otro. Eso nunca se debe perder.
La que vivimos todos los días y la que ha estado entretejiendo matrices ideológicas que justificaban locuras. Crímenes. Dolor. Mucho Dolor. Cuando la historia tiene cuerpo, cuando la historia te atraviesa constantemente como una lanza. Heridas que no nos sanan. Como Pueblo. Sin división.
Este valor de lucha y defensa de lo propio, que Marx sólo puede encontrar en la unión de la masa, en la identificación de todos los obreros unos con otros, en esta “conciencia colectiva” de clase, la encontramos como posibilidad en este superhombre que no es cobarde, que lucha prescindiendo de los imperativos sociales imperantes de la época y de las opiniones, del folclore popular burgués.
En estos tres genios, podemos hallar semejanzas en sus pensamientos, ya sea en el valor de cambio marxiano que Freud le da a su concepto de falo, o la simetría entre el eterno retorno de lo igual y la compulsión de repetición, pero queremos circunscribir estas líneas sólo a lo referente al ser.
La historia, occidental, siempre repetida, memorizada, estereotipada, se relee a veces con miradas desconfiadas y se toma la licencia la historia de decir lo que quiera y de justificar lo que sea, y como estamos todos inmersos en esta homogeneización devastadora donde lo diferente suele ser inadmisible o descalificable, como estamos así de sistematizados en este “sistema” no la ponemos en cuestión. Es increíble que antes, en la transmisión oral de los mitos de los antiguos pueblos, aún cuando se coloreaba el relato con magia y ficción, se mantenía la cohesión del grupo, se valoraba la historia aún sabiendo que estaba siendo maquillada y “bailada”. Se la valoraba, era un miembro más. Se la defendía, se la respetaba, se la valoraba, se la contaba, se la mantenía viva, con la vitalidad de la fuerza del grupo, de la lucha, de la identidad, del combate.
Y antes, con la imprenta, los memos, las máquinas; ahora los i-pods, google, ya ni siquiera una biblioteca, no la de Babel de Borges, esas de las que íbamos antes, ya nada de eso. Y ni aún con ellas, la historia tenía esa vida que se tenía en aquellas transmisiones orales. Podían convivir en paz diferentes mitos aún mutuamente excluyentes o contradictorios, porque no estaban programados con la vara aristótelica de la unicidad.
Cómo se explica esto? Mito de Occidente.
La historia, siempre reescribiéndose, siempre releyéndose. Alienada a sí misma. Siempre releyéndose. Pasan los años y las atrocidades se cuentan en breves páginas como hechos, pero no se transmite nada. Se memorizan datos, pero se pierden las vivencias. Tenemos, como humanidad, en nuestra historia, un sinfín de episodios siniestros, espeluznantes, abominables, horrorosos. Tenemos mucho dolor. Tenemos una historia que duele. Y los duelos duelen mucho, sobretodo cuando se quieren acotar sus tiempos y sus formas. No es lo mismo volver que regresar, no es lo mismo recordar que revivir o que contar. Hay que tener cuidado con eso. Debemos mirar atrás, porque si no miramos, sino echamos una verdadera mirada para atrás no podemos mirar para adelante. No se puede continuar si no se trabaja las cosas que pasaron, si no se saben. No nos podemos entender sino sabemos que nos precedió. De donde venimos. Como pueblo, como humanidad, como todo, como personas, como seres. No podemos tampoco mirar al costado. No debemos mirar al costado. El único costado posible es el de la camaradería, la lucha. El verdadero amor. El registro del otro, de lo que a el otro le pasa. Ese otro que está al lado, que viaja conmigo en el colectivo, que reclama en una cola, que estudia conmigo, que piensa distinto, que vive en otro lugar, que viene de otro lugar, que va a otro lugar, que habla distinto, ese otro que vive en mí. Que me habita.
Nietzche se preguntaba cuánta verdad uno puede soportar. Eso nunca lo sabremos. Pero sí sabemos que el verdadero valor de la lucha de clases, del tratar de derribar este Mito que nos preexiste, sostiene, alimenta, regocija a veces, acondiciona, adormece, el verdadero valor de la subjetividad que siempre quiso rescatar Freud, de la subjetividad, el ser y el propio deseo, es en la búsqueda. Ahí radica. Y Es imposible sostener el propio deseo, lo subjetivo sin el otro. Sin mi otro. Luchar juntos. Que la división no pase por clases, que se pierda esa palabra división. Celebramos la unión. Pero no la homogeneización. El amor solamente es posible por el lado de la diferencia. Sino es puro Narcisimo Freudiano, puro superhombre. Amar lo diferente. Apostar a la diferencia. No sabemos cuánta verdad podremos soportar, será porque eso nunca se sabe bien, o tal vez porque durante mucho tiempo se nos ha robado la verdad, desde su definición hasta su sentido más real, se nos ha ocultado y estafado mucho. Por eso, no sabemos cuánto se podrá soportar, para saber ello debemos empezar a buscar. Hacer Historia. Hacerla todos los días sin olvidar. No hay vida posible en el olvido, no se puede construir nada sin un antes. El plus de valor, nuestra plusvalía es la búsqueda de la verdad. Buscar la verdad.
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